lunes, 27 de octubre de 2014

Corrupción

De pronto, la corrupción ha estallado, igual que en su día estalló la burbuja inmobiliaria. De un modo muy parecido. Todo el mundo presentía que la corrupción había engordado tanto, estaba tan generalizada, abultaba tanto ya, que parecía imposible que siguiera escondida, sin salir a la luz. Y no es que pareciera, es que era imposible que siguiera escondida.
Las palabras Gürtel, Bárcenas, Noos se han convertido en familiares y parece que se adelgazan cuando otras palabras se superponen a ellas. Las cuentas ocultas de Pujol y su familia, las tarjetas negras de Bankia, el recién desenterrado caso de los alcaldes de Madrid. A estas alturas, uno empieza a preguntarse si hay algún político que haya estado o siga en el poder, que no esté implicado en alguna trama.
Es muy evidente que toda esa corrupción, más que una red, forma una madeja. Y que si lo estamos pasando tan mal, no es porque nosotros hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades. Qué lástima. Sino porque todos esos y esas cuyos nombres afloran como imputados, todos los que seguirán aflorando, ojalá, han estado gastando a manos llenas, con desconsideración y, por cierto, con muy poco gusto, a nuestra costa.
La justicia en España es lenta y sigue enredada en el mismo entramado contra el que está luchando. Demasiados de estos imputados, antes de caer del todo, se han llevado por delante a jueces justos. Está bien que afloren todos estos casos, le alegran a uno por un rato el duro día a día. Estaría mejor que los que tenemos que votar en las próximas elecciones tomáramos nota y votásemos más con la cabeza, o por lo menos con la cartera, que con la devoción hacia los mismos de siempre.

Pero aún estaría mejor que los que ganen cambien de una vez las reglas del juego. Porque la corrupción puede que sea inevitable, pero las reglas del juego son las que han permitido que hasta la fecha la corrupción viva de rositas. Estoy seguro de que se pueden cambiar las leyes para ponérselo infinitamente más difícil de lo que lo han tenido.

lunes, 20 de octubre de 2014

La ilusión sigue viva

Este fin de semana, Podemos ha celebrado un congreso para constituirse como Partido, para fundarse de manera formal.
La ilusión sigue viva. La ilusión que ha generado entre millones de españoles de que es posible hacer las cosas de una manera distinta a como las han venido haciendo los partidos tradicionales ha llenado el Palacio de Vista Alegre de Madrid.
Pero los peligros que en su día anunciamos se ciernen cada vez más.
Los medios de comunicación que sustentan el sistema, que son casi todos, han pasado al ataque. Primero intentaron desacreditar a los líderes de Podemos. Un intento tan burdo que lo que hizo fue reforzarlos más que hacerles daño.
Ahora, con más tiento, hablan y no paran sobre la división que parece existir entre el líder Pablo Iglesias y uno de los eurodiputados, Pablo Echenique. Básicamente, Echenique considera que hay que dejar el mando del Partido en varias personas, mientras que Iglesias propone que haya un solo líder.
El telón de fondo del debate es más delicado. Iglesias sostiene que el verdadero objetivo de Podemos son las elecciones generales que decidirán la presidencia del Gobierno, y que se celebran en noviembre del año que viene. Pero antes llegarán las autonómicas y las municipales, en mayo. Iglesias cree que Podemos no está preparado para presentarse con garantías a las elecciones municipales en un montón de localidades. Es imposible controlar que se presenten oportunistas, de los que vienen rebotados de otros partidos, incluso del PP, como sucede en Chinchilla, y ahora se cuelgan el cartel de Podemos como si fueran demócratas y asambleístas de toda la vida.
El problema sería que esa casta de oportunistas, de paracaidistas como se les llama en el argot, gane en esos ayuntamientos. Y que en unos pocos meses, los que van de mayo a noviembre, hayan desnaturalizado y debilitado la pureza de Podemos.
Desde fuera, está claro que lo más inteligente es evitar que eso suceda. Le doy la razón a Iglesias. Como lo más inteligente es no mezclarse con ninguna otra fuerza, aunque sobre el papel pueda considerarse afín. Hay que mantener entre algodones la ilusión generada, la ilusión de romper de una vez el bipartidismo que monopoliza la democracia. Esa ilusión en cierta manera nos pertenece a todos, incluso a los que no estamos con Podemos.


lunes, 13 de octubre de 2014

Sentimientos que nos ciegan

Supongo que han observado cómo funcionan las noticias. Cada semana hay un tema estrella del que todos los medios hablan sin parar, como si no existiera otra cosa. Poco a poco el tema va perdiendo fuerza, pero antes de que se apague del todo, aparece otro tema estrella que lo sustituye.
Hace dos semanas eran las elecciones catalanas. Esta última semana ha sido el ébola. Así funcionan los medios y así nos hacen funcionar.
Son temas que despiertan sentimientos fuertes. El de las elecciones catalanas está bien elegido porque a muchos catalanes les cabrea que no les dejen pronunciarse y a muchos no catalanes les cabrea que los catalanes se sientan especiales y quieran separarse. Aunque no son tantos los que quieren separarse y hay muchos no catalanes que sabemos que el asunto no es cosa de todos los catalanes, el cabreo está servido.
Lo del ébola era un asunto marginal de los telediarios, hasta que lo trajeron a España. Tuvieron que traerlo dos veces, y dar lugar a que se infectara una sanitaria para convertirlo en tema estrella. Esta vez, el sentimiento que despierta no es cabreo, sino miedo. También vale.
Se diría que los informativos no pretenden tanto informar como azuzar sentimientos fuertes como el miedo y el cabreo, sentimientos que ciegan, que cortocircuitan la reflexión sosegada.
Son cada vez más los que desconfían de las noticias, los que buscan el gato encerrado del ébola, lo que rastrean en internet vídeos alternativos donde nos cuentan que hay soluciones naturales para la enfermedad o que nos confirman que hay epidemias peores y más peligrosas de las que no se habla tanto.
Pero quienes desconfían al fin y al cabo siguen dándole vueltas al ébola. A mí me preocupa más de qué no se habla cuando se habla tanto de una sola cosa, que están queriendo ocultar, queriendo tapar, que están tratando que olvidemos.

¿Se han fijado cuánto hace que no se habla de los sobresueldos del PP, del caso Gürtel o cómo las tarjetas opacas de Caja Madrid y Bankia ocupan mucho menos espacio en las portadas del que ocuparían si no hubiera tanto ébola y tanto nacionalismo catalán? Y eso que nos tocan a todos y mucho más cerca, en el bolsillo.

lunes, 23 de junio de 2014

Bajan los impuestos a los ricos

Hubo un tiempo en que temíamos la llegada de cada nuevo viernes porque el consejo de ministros de Rajoy nos daba al menos una mala noticia semanal, que solía coincidir con su reunión de este día. Las malas noticias se fueron acumulando, salimos a las plazas a protestar, y llegó un momento en que parecía que la situación iba a estabilizarse, que no podía empeorar más. Cabía la esperanza de que al acercarse las próximas elecciones, este gobierno del PP iba a dar alguna pincelada de cal para congraciarse al menos con sus partidarios, una vez que ha desbaratado por completo el estado del bienestar.
Pero no. Sigue actuando. Lo hace de tapadillo, camuflando sus decisiones detrás de nubes de humo. Pero no por ello sus decisiones dejan de ser terribles. La última, oculta tras el barullo por el cambio de rey, ha sido la de bajar los impuestos. Bajar los impuestos, he aquí una frase típica de derechas, que parece gustarle a todo el mundo. A todo el mundo que no se pare a pensar.
Todo el mundo está de acuerdo con que el principal problema del país es el desempleo generalizado, desproporcionado, durísimo. La historia ha demostrado que la única salida al problema del desempleo es que el propio Estado invierta para crear puestos de trabajo. Y hacen falta. Hacen falta médicos, enfermeras, profesores, funcionarios en general, y hacen falta inversiones en infraestructuras y hacen falta inversiones en investigación. Este país necesita que el gobierno invierta en mejorar la situación, y de paso en crear puestos de trabajo. Todo junto.
¿De dónde saldría el dinero para esas inversiones? De los impuestos. Especialmente de los impuestos de los que más tienen, que están pagando poco. Las empresas que más ganan vuelven a tener beneficios importantes, mientras la mayor parte de la población sigue penando. ¿Y qué hace el gobierno? Les baja los impuestos. Dicen que se los bajan a los que menos ganan, pero es mentira. A los que se los bajan de verdad es a los más ricos, a los que más tienen. Hasta 11 mil millones de euros menos se van a dejar de ingresar. 11 mil millones que podrían destinarse a inversiones y a crear puestos de trabajo. Impuestos directos.

¿Qué nos queda? Los indirectos, el IVA, el impuesto sobre hidrocarburos, el impuesto sobre electricidad, los que pagamos igual todos, los que tienen y los que no tienen. Y por eso precisamente, los impuestos que no pueden ser progresivos, los impuestos injustos. Es decir, que lejos de pensar en arreglar la situación, lejos de trabajar para reducir el paro, lo que están haciendo es aumentar más todavía las ganancias de los que más ganan. Y aún nos queda año y medio para volver a votar. Sería bueno que al menos entonces pensáramos un poco y votáramos con la cabeza. Que somos muchos los que estamos sufriendo este despropósito y solo unos pocos los que se aprovechan de él. Si es que nos queda cabeza para entonces.

lunes, 16 de junio de 2014

Las redes sociales y la educación

A raíz del asesinato de la presidenta de la Diputación de León, hace un mes, se desató la polémica de las redes sociales. A botepronto y sin pensar, como suele ocurrir en las redes, hubo un número significativo de individuos que publicaron barbaridades sobre la fallecida. No eran unas barbaridades distintas a las que se publican en las redes un día sí y otro también, pero al estar relacionadas con la muerte violenta de una persona, que además era una política destacada, y además del PP, repentinamente hubo un rasgado masivo de vestiduras. Repentinamente algunos se dieron cuenta de las barbaridades que se publican y de que esas barbaridades quedan por lo general sin castigo. Durante varios días algunos tertulianos conservadores defendieron el regular mediante leyes los límites de uso de las redes sociales, lo que hubiera sido intentar resolver una barbaridad con otra mayor, casi como poner puertas al campo.

lunes, 9 de junio de 2014

El verdadero referéndum

Los resultados de las Elecciones Europeas y la Abdicación del Rey Juan Carlos han capitalizado todas las informaciones no deportivas de los medios de comunicación en las últimas semanas. Las informaciones y las tertulias. Y la crítica de las informaciones y de las tertulias. Encender una radio o una televisión, incluso abrir un periódico, empieza a causar una sensación de hastío. Porque la acumulación de datos, aunque se trate de datos intrascendentes, como la descripción de la escalera por donde subirá el nuevo rey, los colegios donde estudió, las capitanías que acumula, forman una hojarasca de datos que colapsa el entendimiento.

lunes, 2 de junio de 2014

La impotencia de una institución

El modo en que ha abdicado el rey Juan Carlos es significativo. De forma inesperada, un lunes por la mañana, después de las elecciones europeas y a través del presidente Rajoy.
Si es cierto que estaba decidido desde enero, parece obvio que se ha estado buscando el momento más oportuno para hacer pública la noticia. ¿Por qué este momento es más oportuno que otros anteriores? ¿Es porque han pasado las elecciones? ¿Porque las elecciones han deparado un varapalo para los dos partidos que han venido sosteniendo el peso de la transición?
Como dice Alberto Garzón, la Monarquía es la tercera pata del bipartidismo. Forma parte de una estructura perfectamente diseñada para que todo vaya sucediéndose sin cambiar. Y ahora, que ha empezado a temblar esa estructura, hay que introducir elementos aparentemente nuevos, nuevas caras en los mismos partidos y en las mismas instituciones, para que tengamos la sensación de que se renuevan.
No debemos dejarnos engañar. La monarquía en España la restituyó Franco, un personaje que representa cualquier cosa menos una democracia. El que Felipe pueda convertirse en jefe de Estado sin habérselo ganado, solo por haber nacido en una familia de sangre azul, nos remite directamente a la Edad Media.
Y no me sirve que alguien objete que otro personaje como Aznar podría convertirse en Jefe de Estado. Si una mayoría le vota, será un Jefe de Estado democrático, que podrá dejar de serlo en las siguientes elecciones si la mayoría no le respalda.
Solo hace falta creer en que la mayoría puede cambiar las cosas. Solo hace falta dejar de tener miedo a los cambios, cuando los cambios son justos. Y eso pasa por empezar a tomar responsabilidades. La responsabilidad de pensar. La responsabilidad de votar. La responsabilidad de atreverse a cambiar las cosas. Porque las cosas no están funcionando.
“La modélica transición”, con la que nos han machacado los oídos, está apoyada en una institución medieval, la Monarquía. Y sigue manteniendo en el poder a quienes no creen en el reparto de la riqueza, a quienes ni siquiera admiten que después de casi un siglo se pueda enterrar en paz a los muertos de los dos bandos de la Guerra Civil.
Hay una multitud que está dispuesta a creer y a cambiar las cosas. Una multitud que le dijo a Cospedal el sábado en Toledo que no había nada que celebrar en el día de la Región. Una multitud, repartida en todas las ciudades españolas, que les dijo ayer a los que tienen que sancionar el cambio de Rey que no somos unos niños, que exigimos que se nos consulte porque, en caso contrario, hagan lo que hagan, no estarán legitimados por la verdadera democracia. No será con nosotros, sino a pesar de nosotros. Una imposición más.