A lo mejor, de verlo cada día,
empezó a parecernos normal y hemos dejado de verlo. Por eso conviene
recordarlo. Vivimos en un país que tiene siete millones de parados, entre los
que se apuntan al Inem, los que han desistido ya de apuntarse y los que están
subocupados, es decir que no ganan lo suficiente para vivir.
Artículos de reflexión sobre política local, muchos aplicados a Chinchilla. Algunos se emitieron en Radio Chinchilla, entre 2014 y 1015
lunes, 17 de noviembre de 2014
lunes, 10 de noviembre de 2014
En busca de la verdad perdida
Una empresa holandesa se dedica a
vender noticias a los medios de comunicación y le va bien. ¿Cómo es posible que
en los tiempos que corren alguien pague por las noticias? Y que ese alguien
sean precisamente medios de comunicación de prestigio.
Es un síntoma de lo que nos está
pasando. Estamos saturados de información. Radios, televisiones y periódicos,
pero sobre todo redes sociales, distribuyen una catarata de noticias que se
renuevan en cada minuto.
Esto presenta varios problemas: un
problema de comprobación. Es imposible saber hasta qué punto son ciertas las
noticias que nos llegan. A veces las damos por ciertas porque nos fiamos de las
fuentes. Otras, simplemente porque queremos que sean ciertas. O porque no
tenemos tiempo de andar haciendo comprobaciones.
Un segundo problema, no menos grave,
es que las noticias nos llegan siempre teñidas de opinión. Rara vez se nos da
lo sucedido en estado puro para que pensemos. De hecho, no da tiempo de pensar.
El que nos da la noticia nos está danto también algo más que su punto de vista,
nos intenta convencer de que los protagonistas son buenos o malos o que lo
están haciendo bien o mal.
Si tenemos en cuenta que hay una
gran concentración de medios, es decir que la mayoría de las televisiones, por
ejemplo, son de los mismos dueños, la conclusión es que no recibimos noticias,
sino mensajes que tratan de convencernos. No estamos siendo informados, estamos
siendo convencidos. No escuchamos noticias, escuchamos propaganda.
¿A quién le puede extrañar que
alguien pague por las noticias en estado puro? Es la única manera de acercarnos
a la realidad tal como es, algo cada vez más raro en el mundo en que vivimos.
lunes, 27 de octubre de 2014
Corrupción
De pronto, la corrupción ha
estallado, igual que en su día estalló la burbuja inmobiliaria. De un modo muy
parecido. Todo el mundo presentía que la corrupción había engordado tanto,
estaba tan generalizada, abultaba tanto ya, que parecía imposible que siguiera
escondida, sin salir a la luz. Y no es que pareciera, es que era imposible que
siguiera escondida.
Las palabras Gürtel, Bárcenas, Noos
se han convertido en familiares y parece que se adelgazan cuando otras palabras
se superponen a ellas. Las cuentas ocultas de Pujol y su familia, las tarjetas
negras de Bankia, el recién desenterrado caso de los alcaldes de Madrid. A
estas alturas, uno empieza a preguntarse si hay algún político que haya estado
o siga en el poder, que no esté implicado en alguna trama.
Es muy evidente que toda esa
corrupción, más que una red, forma una madeja. Y que si lo estamos pasando tan
mal, no es porque nosotros hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades.
Qué lástima. Sino porque todos esos y esas cuyos nombres afloran como
imputados, todos los que seguirán aflorando, ojalá, han estado gastando a manos
llenas, con desconsideración y, por cierto, con muy poco gusto, a nuestra
costa.
La justicia en España es lenta y
sigue enredada en el mismo entramado contra el que está luchando. Demasiados de
estos imputados, antes de caer del todo, se han llevado por delante a jueces
justos. Está bien que afloren todos estos casos, le alegran a uno por un rato
el duro día a día. Estaría mejor que los que tenemos que votar en las próximas
elecciones tomáramos nota y votásemos más con la cabeza, o por lo menos con la
cartera, que con la devoción hacia los mismos de siempre.
Pero aún estaría mejor que los que
ganen cambien de una vez las reglas del juego. Porque la corrupción puede que
sea inevitable, pero las reglas del juego son las que han permitido que hasta
la fecha la corrupción viva de rositas. Estoy seguro de que se pueden cambiar
las leyes para ponérselo infinitamente más difícil de lo que lo han tenido.
lunes, 20 de octubre de 2014
La ilusión sigue viva
Este fin de semana, Podemos ha
celebrado un congreso para constituirse como Partido, para fundarse de manera
formal.
La ilusión sigue viva. La ilusión
que ha generado entre millones de españoles de que es posible hacer las cosas
de una manera distinta a como las han venido haciendo los partidos
tradicionales ha llenado el Palacio de Vista Alegre de Madrid.
Pero los peligros que en su día
anunciamos se ciernen cada vez más.
Los medios de comunicación que
sustentan el sistema, que son casi todos, han pasado al ataque. Primero
intentaron desacreditar a los líderes de Podemos. Un intento tan burdo que lo
que hizo fue reforzarlos más que hacerles daño.
Ahora, con más tiento, hablan y no
paran sobre la división que parece existir entre el líder Pablo Iglesias y uno
de los eurodiputados, Pablo Echenique. Básicamente, Echenique considera que hay
que dejar el mando del Partido en varias personas, mientras que Iglesias propone
que haya un solo líder.
El telón de fondo del debate es más
delicado. Iglesias sostiene que el verdadero objetivo de Podemos son las
elecciones generales que decidirán la presidencia del Gobierno, y que se
celebran en noviembre del año que viene. Pero antes llegarán las autonómicas y
las municipales, en mayo. Iglesias cree que Podemos no está preparado para
presentarse con garantías a las elecciones municipales en un montón de
localidades. Es imposible controlar que se presenten oportunistas, de los que
vienen rebotados de otros partidos, incluso del PP, como sucede en Chinchilla,
y ahora se cuelgan el cartel de Podemos como si fueran demócratas y asambleístas
de toda la vida.
El problema sería que esa casta de oportunistas,
de paracaidistas como se les llama en el argot, gane en esos ayuntamientos. Y
que en unos pocos meses, los que van de mayo a noviembre, hayan desnaturalizado
y debilitado la pureza de Podemos.
Desde fuera, está claro que lo más
inteligente es evitar que eso suceda. Le doy la razón a Iglesias. Como lo más
inteligente es no mezclarse con ninguna otra fuerza, aunque sobre el papel
pueda considerarse afín. Hay que mantener entre algodones la ilusión generada,
la ilusión de romper de una vez el bipartidismo que monopoliza la democracia.
Esa ilusión en cierta manera nos pertenece a todos, incluso a los que no
estamos con Podemos.
lunes, 13 de octubre de 2014
Sentimientos que nos ciegan
Supongo que han observado cómo
funcionan las noticias. Cada semana hay un tema estrella del que todos los
medios hablan sin parar, como si no existiera otra cosa. Poco a poco el tema va
perdiendo fuerza, pero antes de que se apague del todo, aparece otro tema
estrella que lo sustituye.
Hace dos semanas eran las elecciones
catalanas. Esta última semana ha sido el ébola. Así funcionan los medios y así
nos hacen funcionar.
Son temas que despiertan sentimientos
fuertes. El de las elecciones catalanas está bien elegido porque a muchos
catalanes les cabrea que no les dejen pronunciarse y a muchos no catalanes les
cabrea que los catalanes se sientan especiales y quieran separarse. Aunque no
son tantos los que quieren separarse y hay muchos no catalanes que sabemos que
el asunto no es cosa de todos los catalanes, el cabreo está servido.
Lo del ébola era un asunto marginal
de los telediarios, hasta que lo trajeron a España. Tuvieron que traerlo dos
veces, y dar lugar a que se infectara una sanitaria para convertirlo en tema
estrella. Esta vez, el sentimiento que despierta no es cabreo, sino miedo.
También vale.
Se diría que los informativos no
pretenden tanto informar como azuzar sentimientos fuertes como el miedo y el
cabreo, sentimientos que ciegan, que cortocircuitan la reflexión sosegada.
Son cada vez más los que desconfían
de las noticias, los que buscan el gato encerrado del ébola, lo que rastrean en
internet vídeos alternativos donde nos cuentan que hay soluciones naturales
para la enfermedad o que nos confirman que hay epidemias peores y más
peligrosas de las que no se habla tanto.
Pero quienes desconfían al fin y al
cabo siguen dándole vueltas al ébola. A mí me preocupa más de qué no se habla
cuando se habla tanto de una sola cosa, que están queriendo ocultar, queriendo
tapar, que están tratando que olvidemos.
¿Se han fijado cuánto hace que no se
habla de los sobresueldos del PP, del caso Gürtel o cómo las tarjetas opacas de
Caja Madrid y Bankia ocupan mucho menos espacio en las portadas del que ocuparían
si no hubiera tanto ébola y tanto nacionalismo catalán? Y eso que nos tocan a
todos y mucho más cerca, en el bolsillo.
lunes, 23 de junio de 2014
Bajan los impuestos a los ricos
Hubo un tiempo en que temíamos la
llegada de cada nuevo viernes porque el consejo de ministros de Rajoy nos daba al
menos una mala noticia semanal, que solía coincidir con su reunión de este día.
Las malas noticias se fueron acumulando, salimos a las plazas a protestar, y
llegó un momento en que parecía que la situación iba a estabilizarse, que no
podía empeorar más. Cabía la esperanza de que al acercarse las próximas
elecciones, este gobierno del PP iba a dar alguna pincelada de cal para
congraciarse al menos con sus partidarios, una vez que ha desbaratado por
completo el estado del bienestar.
Pero no. Sigue actuando. Lo hace de
tapadillo, camuflando sus decisiones detrás de nubes de humo. Pero no por ello
sus decisiones dejan de ser terribles. La última, oculta tras el barullo por el
cambio de rey, ha sido la de bajar los impuestos. Bajar los impuestos, he aquí
una frase típica de derechas, que parece gustarle a todo el mundo. A todo el
mundo que no se pare a pensar.
Todo el mundo está de acuerdo con
que el principal problema del país es el desempleo generalizado,
desproporcionado, durísimo. La historia ha demostrado que la única salida al
problema del desempleo es que el propio Estado invierta para crear puestos de
trabajo. Y hacen falta. Hacen falta médicos, enfermeras, profesores,
funcionarios en general, y hacen falta inversiones en infraestructuras y hacen
falta inversiones en investigación. Este país necesita que el gobierno invierta
en mejorar la situación, y de paso en crear puestos de trabajo. Todo junto.
¿De dónde saldría el dinero para
esas inversiones? De los impuestos. Especialmente de los impuestos de los que
más tienen, que están pagando poco. Las empresas que más ganan vuelven a tener
beneficios importantes, mientras la mayor parte de la población sigue penando. ¿Y
qué hace el gobierno? Les baja los impuestos. Dicen que se los bajan a los que
menos ganan, pero es mentira. A los que se los bajan de verdad es a los más
ricos, a los que más tienen. Hasta 11 mil millones de euros menos se van a
dejar de ingresar. 11 mil millones que podrían destinarse a inversiones y a
crear puestos de trabajo. Impuestos directos.
¿Qué nos queda? Los indirectos, el
IVA, el impuesto sobre hidrocarburos, el impuesto sobre electricidad, los que
pagamos igual todos, los que tienen y los que no tienen. Y por eso
precisamente, los impuestos que no pueden ser progresivos, los impuestos
injustos. Es decir, que lejos de pensar en arreglar la situación, lejos de
trabajar para reducir el paro, lo que están haciendo es aumentar más todavía
las ganancias de los que más ganan. Y aún nos queda año y medio para volver a
votar. Sería bueno que al menos entonces pensáramos un poco y votáramos con la
cabeza. Que somos muchos los que estamos sufriendo este despropósito y solo
unos pocos los que se aprovechan de él. Si es que nos queda cabeza para
entonces.
lunes, 16 de junio de 2014
Las redes sociales y la educación
A raíz del asesinato de la
presidenta de la Diputación de León, hace un mes, se desató la polémica de las redes sociales.
A botepronto y sin pensar, como suele ocurrir en las redes, hubo un número
significativo de individuos que publicaron barbaridades sobre la fallecida. No
eran unas barbaridades distintas a las que se publican en las redes un día sí y
otro también, pero al estar relacionadas con la muerte violenta de una persona,
que además era una política destacada, y además del PP, repentinamente hubo un
rasgado masivo de vestiduras. Repentinamente algunos se dieron cuenta de las barbaridades
que se publican y de que esas barbaridades quedan por lo general sin castigo.
Durante varios días algunos tertulianos conservadores defendieron el regular
mediante leyes los límites de uso de las redes sociales, lo que hubiera sido
intentar resolver una barbaridad con otra mayor, casi como poner puertas al
campo.
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